Por: Jon Sánchez Molina
The woman who left fue la obra que conquistó el León de Oro en el festival de Venecia de 2016. Lav Díaz es el autor casi total de la película llevando a su nombre el trabajo de dirección, guión (inspirado en 'God sees the truth, but waits' de León Tolstói), fotografía y montaje. El filipino es uno de los máximos exponentes del Slow Cinema caracterizado por hacer películas de gran duración y de ritmo pausado.
En esta película nos muestra una historia sobre la venganza y la condición humana, llevada a cabo por una mujer recientemente liberada de la cárcel después de pasar 30 años en ella por un crimen que no cometió. Horacia, al salir de la prisión, decide espiar y vengarse de su exmarido, el cual parece que fue el culpable de su encarcelamiento, pero en ningún momento espera que la venganza transcurra de un modo diferente a lo antes planeado.
Nos encontramos frente a una película inusual, aparentemente nada atractiva por ser filipina, estar en blanco y negro y durar 4h, pero lejos de pensar en su duración hay que ver lo que nos ofrece, que no son pocas cosas. De estas, quiero centrarme en 3 aspectos: la llegada de Horacia a un mundo nuevo para ella, después de haber pasado 30 años en la cárcel, la figura religiosa de Horacia al coger el camino alejado de su propósito principal y, por último, algo que la película consigue indirectamente, que es meterte en la piel de la dura vida de Horacia a través de un estilo único e intransferible.
Horacia, al salir de prisión, se encuentra con un mundo diferente al que recordaba, lleno de miserias y gente pobre y desgraciada que viven desplazados del mundo, intentando sobrevivir diariamente con lo poco que consiguen sacarse. Horacia ve ese mundo tan débil y abandona su cometido para dar voz y ayudar a esas pobres personas: Un jorobado que vende comida, una pobre indigente que no es capaz de hacer nada y un travesti al que apalizan en la calle. Estas personas se vuelven protagonistas en gran parte del metraje denunciando sus situaciones y crean una impotencia en el espectador superior a lo imaginado.
A raíz de este rol humanista, la figura de Horacia (la cual no deja totalmente de lado su venganza) se muestra en pantalla como una especie de santa, una mártir de la causa que ahora vive para dar voz a los más necesitados frente a un régimen político que los da de lado como ocurre en muchos lugares. El enlace sociopolítico del film crea similitudes con nuestro presente haciendo así, que el problema no sea solo filipino sino universal. Lav Díaz consigue que su película pase las fronteras de su país generando un impacto general en el espectador, el cual puede llegar a ver esas injusticias en su entorno. Horacia pasa a ser una especie de tótem, una santa similar a Teresa De Calcuta ayudando de cualquier forma a la gente más necesitada. A través de la figura protagonista, Diaz denuncia la situación de todos los personajes que se ven en el film y su complicada entrada a la sociedad. Horacia vuelve de una prisión, pero la gente a la que ayuda está encarcelada en vida sin poder salir a flote en la sociedad, todos están en un lugar idéntico.
Aunque hay algo insólito en la película que consigue un punto de abstracción e inmersión total en lo que cuenta, esto va de la mano con su duración, montaje y el mundo protagonista. Lav Diaz consigue hacerte sentir en tus carnes un secuestro, algo equiparable en menor medida al que sufre nuestra protagonista sin ella quererlo. La película trastoca nuestro día, cuando te sientas a experimentar un viaje de 4h te sientes desplazado a otro mundo, pero no como en cualquier otra película, pues lo que consigue la experiencia de este visionado es que te des cuenta de lo que puede llegar a ser estando en la posición de Horacia, una mujer “secuestrada” por 30 años. Notas como todo pesa, y como el visionado de la obra confunde al secuestrar nuestra atención durante tanto tiempo. Como digo es anodino experimentar algo así en una película y consigue crear una sensación en la que estás atrapado, pero sin poder salir.
Para finalizar decir que esta película te atrapa, te mete en un mundo desconocido y santifica a una mujer que servirá como voz y salvoconducto de la gente más desfavorecida de su alrededor. Una obra que va más allá de su cometido creando una verdadera venganza y redención del protagonista.
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