Por Alex Trincado Haro y Joaquim Albert Carreguí Tel
En 2011, el director británico Steve McQueen
retrató la decadencia de un personaje que perdía el contacto con el mundo. Este
personaje, Brandon (Michael Fassbender) es un adicto al sexo que se oculta tras
una máscara de vigor y naturalidad, al cual la inesperada visita de su hermana
pondrá patas arriba toda su vida, retratando el filme su viaje interior para
lidiar con estos problemas.
Hoy hablaremos de “Shame” a través del absurdo filosófico, de su visión existencialista de un personaje que no se entiende ni entiende el mundo. Esto lo haremos en parte a través de conceptos de autores como Camus y Sartre, que exploraron y trataron largamente el existencialismo filosófico durante el siglo pasado.
Como ya hemos dicho, toda la cinta gira alrededor a la visión de Brandon, el personaje principal. Este es personaje en principio prototípico del éxito americano, soltero, pero no solitario, es un triunfador tanto en los negocios como en las conquistas amorosas. Ambas cosas quedan claras desde el principio, enseñando su oficina, su moderno apartamento y como atrae a las mujeres casi sin querer. Así de primeras no habría mayor problema, con el éxito económico se nos asegura a priori que todo está solucionado y el resto caerá por su propio peso detrás, pero no es el caso de Brandon. Pero nuestro protagonista está divorciado de la vida, presa de un sentimiento irracional que no comprende, viviendo en un absurdo que McQueen nos irá remarcando a lo largo de toda la película, tanto mediante el guión como con la cámara.
Atormentado por un sentimiento de angustia explícito, Brandon utiliza la sexualidad como escapismo, recurriendo a prostitutas, masturbación, videochats y demás, pero nunca con implicación emocional. Sin embargo, esto que le hace desconectar de su vida ordinaria y de esta angustia, no ocupa lo suficiente como para tenerla bajo control, y tarde o temprano explotará esa máscara de hombre banal. Brandon se vale de la seducción para dar a su vida un estilo peculiar y variado, llegando hasta el extremo de tener su ordenador de la oficina lleno de la pornografía más decadente y variada imaginable (sin entrar en la ilegalidad). Porque Brandon a pesar de todo tiene cierta moral. No solo es que toda su pornografía esté fuera de lo socialmente aceptado, pero dentro de lo legalmente permitido, también trata a las prostitutas con cierta compasión, con humanismo, aunque las esté objetualizando y utilizando.
Ahora es importante dar una explicación rápida e los conceptos filosóficos previamente dichos. El existencialismo filosófico que aquí tratamos parte de la idea de que somos lanzados solos al mundo, sin un dios ni un motivo superior, por lo tanto, nuestra existencia y sus motivos no tienen mas sentido que el de ser por si mismos. Sin excusas para existir ni obrar, sin una razón superior más allá de que se existe, nosotros somos los únicos responsables finales de nuestros actos. Solos, somos presas del subjetivismo, el cual no podemos traspasar pues no tenemos conciencia real de nada que no seamos nosotros mismos, ya que todo pasa por ese filtro para ser comprendido. Esto a grandes rasgos son algunas de las bases existencialismo como lo comprende Sartre, basándose en otros como Heidegger, Kierkegaard o Zola (Sartre, 2007: 14-26). Camus por su parte tiene una comprensión bastante parecida, aunque más lírica, pero ambos tratan algo en común, la angustia. Este término inventado por Kierkegaard (2014) viene de la conciencia del choque entre nuestra subjetividad con el mundo, de la conciencia de la inutilidad de nuestras acciones derivada del sinsentido de la existencia, y que por lo tanto somos responsables de nosotros mismos, pero eso a la vez es inútil. También es el saber que no comprendemos a los demás y no nos sabemos hacer comprender. Esos momentos de lucidez, de conciencia de estos sentimientos son la angustia (Sartre, 2007). Y cuando más presentes se hacen, es cuando más pesados son, es lo que Camus define como la conciencia del absurdo, como la caída (2012: 30), equivalente a lo que para Sartre es la náusea (2016). Y esto exactamente es lo que atosiga a Brandon, de lo que huye sin cesar, lo que intenta paliar con el sexo continuo hasta que su evasión le absorbe y destroza. Triunfador en todo lo que el capitalismo le pone como meta, no tiene escapatoria, no tiene un ataque de locura como Tyler Durden que le haga quemar su casa y pelear consigo mismo, es demasiado lúcido como para eso, pero demasiado cobarde como para mirar cara a cara a su interior, para romper la barrera y relacionarse verdaderamente con otros, como muestra con la relación con su compañera de trabajo.
En El mito de Sísifo Camus habla del Donjuanismo (2012: 93-101), una forma de enfrentarse a la angustia. Esto consiste en sustituir toda moral del amor cualitativa por una moral cuantitativa. El Don Juan se revela ante la inexorabilidad de la muerte y del final de la existencia sobrecargando su ser con vivencias amorosas, no solo carnales, con cuantas personas puede, como una forma de rebeldía a dejar el mundo dejando todas las huellas en el que puede a la vez que se llena de experiencias. Este siente satisfacción por los encuentros fortuitos, por enamorar a todo tipo de mujer y por posteriormente dejarla atrás para enfrentarse a una nueva aventura. El filósofo francés lo describió como “Recorrer, almacenar y quemar todos los rostros cálidos o maravillosos”. Brandon intenta algo parecido, pero vive en un caos interior, no ama de verdad, aunque si conquista, y no se puede dejar amar, su sentimiento está cojo porque no lo acepta, ya que eso le haría mirar en si mismo. El mismo filósofo retrató en su novela La Caída, en un personaje con una actitud parecida que tuvo que abandonar según fue consciente de sus constantes vanidades y su falta de sinceridad para consigo mismo (2018).
Para el personaje en que nos centramos, el
inicio de su caída está en la llegada de su hermana, detonante de todo, la
relación de esta pareja de hermanos alcanza una complejidad abstracta y crea
una atmósfera de misterio y desorientación. Su primer encuentro resulta sexualmente
explícito, Brandon la ve tal y como llegó al mundo, pero sin esperarla, pero
nosotros no sabemos aún cuál es su relación y pensamos en una antigua conquista.
Con el tiempo. Brandon conoce la desnudez sentimental de Sissy, y poco a
poco, veremos por qué desde un principio, evita contacto con ella. El rechazo más
probable de Brandon hacia la vida viene de un arraigamiento del pasado que le
atormenta, y su hermana forma parte de él, aunque en la película esta
información permanecerá siempre oculta, intuimos que era a ella a quien Brandon
ignoraba los mensajes en el inicio. La rotura de las distancias marcadas haría
que su hermana descubriera en toda plenitud el ser decadente que realmente es.
Esto llega al punto en que rompen tanto entre ellos que hace reflexionar a
Brandon y despojarse de toda prueba material que pueda describir la
inestabilidad de su vida, creando un escapismo del escapismo, una paradoja
absurda, renegando de lo que puede al tirar todo lo que utilizaba para evadirse
con el sexo, incluso su ordenador personal.
La posibilidad de Brandon en este mundo es inefable, no sabe ni quién es ni por qué actúa de esta manera. Por la segunda mitad de la película, y tras la caída, Steve McQueen crea con la cámara una mirada incandescente y distorsionada hacia una ciudad nocturna y ajena para con el protagonista, consiguiendo una caracterización directa hacía el personaje de Fassbender, quien, por su sentimiento hostil, no reconocerá su localidad, dejando aún más explícita y físicamente su sentimiento absurdo.
Hablando de un caso en concreto, este choque y caída se evidencia con los celos que tiene Brandon de los hombres que intentan acercarse a su hermana, eso haciendo a la vez crecer el misterio y la complejidad de su relación. La primera muestra de ello es cuando su jefe (interpretado por James Badge) coge el brazo a su hermana y Brandon reacciona con una mirada con un enorme sentimiento de furia. Pocas escenas después, se nos muestra un segundo escapismo de Brandon, salir a correr para desahogarse. Steve McQueen nos sumerge en la física del absurdo con un plano de Brandon corriendo por una Nueva York indiferente a él, en un plano en que no podrá avanzar ni un centímetro de su posición por mucho que corra, porque corre para huir de si mismo. En su caída y varias escenas después, vemos lo que sirve como catarsis de ese sentimiento absurdo casi indescriptible, utilizando una cámara borrosa y errática para una escena de sexo donde todo se confunde, a la vez que suena el preludio No. 16 (855 BMV) de Bach, el cual invade el fondo creando una dicotomía absurda entre imagen y sonido, por el choque entre lo visual y lo sonoro, como el choque que ocurre dentro del personaje.
Brandon Sullivan quiere cambiar, lo necesita, es la única posibilidad que ve para él, y no puede seguir por el camino que iba. Para ello intenta abrirse a una mujer de su trabajo y empezar una relación de verdad, es su nueva propuesta y sabe que puede ir para largo. El primer intento fracasa por las diferencias a la hora de ver la vida. Pero su frustración sigue en el interior de su alma, y quiere acabar con la labor. Cuando consigue lo que quiere, no es capaz de afrontarlo, Brandon está totalmente perdido, y esto lo demuestra con la impotencia de mantener relaciones con dicha mujer. No puede cambiar, no puede parar de estar perdido, y eso lo desespera más, el absurdo acaba siendo su pasión más fructífera y dolorosa. Por eso luego vuelve a sus estandartes, vuelve con una prostituta cuya presencia nunca le ha inquietado, y eso sí le permite poder actuar con normalidad, no puede enfrentarse a si mismo ni a relaciones profundas y duradera, y eso lo devuelve al principio de todo, no puede cambiar, huye con el sexo fugaz y le es imposible mantener una conexión duradera con alguien.
Brandon se da cuenta que la única relación estable que puede mantener es con su hermana, pero el choque entre el amor sexual que ha llegado a absorberle y el fraternal que le exige le frustra y oprime, por eso no puede ni verla, por eso la echa de casa, por eso nunca se lo podrá decir y la mentira siempre estará allí para ocultar lo que le pasa. Toda la síntesis de sentimientos insufribles lo llevan a la decadencia absoluta y a su crisis máxima, ya no le da importancia a la vida, se ha vuelto un neurótico y ahora le sobrepasa la devastación y la impulsividad, por esto, por actuar imprudentemente, se gana una paliza física que lo deja deshecho en las desoladas calles de Nueva York. A su perdición se suma el intento de descubrir más cosas sobre el sexo, en este caso en un puticlub clandestino donde su breve encuentro será con un hombre. Seguidamente necesita más, y ahora la parada es con dos prostitutas a la vez, de la que ya hemos hablado antes. “No somos malas personas, solo venimos de un mal lugar”, el mensaje de redención que le deja Sissy a su hermano es inservible, ya es tarde para Brandon.
Vuelve el choque entre imagen y sonido, el sentimiento nostálgico y melancólico hacia la vitalidad se eriza y crea el contraste de la visualización de una escena que roza la pornografía salvaje. Todo se ha acabado, el escapismo deja de ser escapismo y solo hay sufrimiento y vacío en él, no hay nada que lo sustente en la vida y su debilidad le ha hecho caer completamente.
Todo vuelve a cobrar sentido a partir de una tragedia, el intento de suicidio de su hermana. La única persona realmente importante en su vida se podría haber ido, pero llega a tiempo. Brandon se echa a llorar en el suelo de la ciudad que no reconoce, sin finalidad alguna, únicamente necesita hacerlo, nada tiene sentido y eso le entristece, acaba por estallar. Las cosas nunca le han importado verdaderamente, y ahora su hermana ha intentado acabar con su vida y el vacío en él sigue patente, y todo ese dolor es enfatizado a unas pocas lágrimas.
Finalmente,
Brandon vuelve a ver a la misma mujer del inicio, en la misma situación,
pero podemos ver en su mirada una desconfianza en sí mismo… ¿Está cambiando?
¿Ha podido recuperar la vitalidad? ¿Ha desaparecido su dilema existencial? ¿O
todo es circular y ha vuelto a caer en la paradoja de manera superflua?
Camus, Albert (2012):
El mito de Sísifo, Madrid, Alianza Editorial.
Camus, Albert (2018):
La caída, Madrid, Alianza Editorial.
Sartre, Jean-Paul (2007):
El existencialismo es un humanismo, Barcelona, Ediciones Folio.
Sartre, Jean-Paul (2016):
La Náusea, Madrid, Alianza Editorial.
Kierkegaard, Sören
(2014): Temor y Temblor, Madrid, Alianza Editorial.

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