Por Paula García Castro
La directora de cine rumana Anca Damian ha presentado en el Atlàntida Film festival su nueva película de animación: Las vidas de Marona (2019). Su debut como directora fue en 2008, con el largometraje dramático Crossing dates y dentro de su filmografía encontramos también su última película, Crulic - El camino al más allá (2011), ganadora en el Festival de Annecy, un documental también animado que puede verse en Filmin.
La película arranca in extremis con un potente inicio en el cual una perrita es atropellada y arropada por su dueña mientras los coches, realizados casi a través de esbozos y con una apariencia fantasmagórica, siguen pasando al lado del cuerpo sin vida del animal. Es la voz en off de la propia perrilla quien nos introduce la historia ya que pretende rebobinar para contarnos lo que ella denomina “la película de su vida”. Así, toda la narración es un ejercicio de memoria que realiza recordando todos los amos que tuvo. Es una estructura muy parecida al de la novela El coloquio de los perros de Miguel de Cervantes, contada también desde la perspectiva de un perro, Berganza, y los servicios que hizo a múltiples personas para sobrevivir.
La historia es sencilla y simplemente seguimos la vida de este pequeño animal, mezcla de un dogo argentino y una mestiza, un cruce que se da porque “el amor es ciego, no entiende de razas”, una explicación que nos da la protagonista. Ambos perros tienen una camada de nueve cachorros entre los cuales ella es el número nueve, una posición que le da cierta vulnerabilidad. A partir de este momento, diferentes humanos pasarán por su vida para cuidar, durante breves períodos de tiempo, de ella.
Básicamente, son tres los dueños que tendrá a lo largo de su vida y para cada uno de ellos Damina utiliza una técnica de animación distinta. Con el primero, el acróbata Manole, las líneas son sinuosas y el personaje es completamente rocambolesco, así como la narración será imaginativa y libre, transportando a la perrita y al dueño al espacio exterior. Cuando Manole se convierte en un “humano que huele a tristeza”, Marona irá con su segundo dueño, Istvan, un trabajador de la construcción bastante solitario, animado con unas líneas mucho más gruesas y definidas. Finalmente, el tercero y último es una niña que, a pesar de que en un inicio parece que vaya a aportar una completa felicidad al animal, acaba siendo como los demás y abandona las responsabilidades de su cuidado. En esta última parte destaca la utilización del collage y el 3D.
Es una muy buena película con una animación imaginativa y colorida que absorbe al espectador desde un primer momento, creando un estilo que bebe del arte de las vanguardias del siglo XX, especialmente del movimiento fauvista por el gran uso subjetivo de los colores.
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